Para muchos futboleros, empezando por ahí se comenzó perdiendo el partido ante un club que era ganable y el que, evidentemente, no era un Palmeiras.
Por: Iván Peña Ropaín.
Muchos analistas deportivos en Barranquilla, previo al choque que Junior sostuvo la noche del martes anterior en el estadio La Nueva Olla, en Asunción, contra Cerro Porteño de Paraguay por la fecha 2 del grupo F de Copa Libertadores, vaticinaban que el DT Alfredo Arias saldría con un equipo prudente, pero ofensivo.
Es decir, en ningún momento se pensó que saltaría al gramado de juego con un esquema ultradefensivo, tal como se vio en su debut en Cartagena frente al Palmeiras de Brasil, pero es que era Palmeiras, entendible, el actual subcampeón del certamen Conmebol, uno de los favoritos en llegar a la gran final y la nómina más costosa del continente sudamericano. Además, juega mucho esa escuadra brasileña.
No obstante, con el respeto que se merece el apodado en tierras paraguayas como el Ciclón, no tiene un equipo de peso, a pesar de ser uno de los importantes en su país; empero, tampoco es que tenga más nómina que el Rojiblanco, hablando claro.
En las conclusiones de lo que fue ese cotejo que no podía perder el conjunto barranquillero, pues venía de empatar en casa y la idea era ganar en Paraguay para “cuadrar caja”, es que por ahí se empezó perdiendo el compromiso y ahora cayendo a la cola del cuadrangular F.
Si bien es cierto que, pese a ese planteamiento ultraofensivo con el que salió Arias y el que se complementaba en unos metros más adelante con una línea de cuatro cuando se enfilaban para contener la ofensiva ajena: Jesús Rivas, Juan David Ríos, Yimmi Chará y Kevin Pérez, se pudo ir al entretiempo con un uno a cero a favor si Teófilo Gutiérrez o Pérez metían las que tuvieron, el haber sido mayormente ofensivo en esa primera parte habría podido deparar un destino diferente.




