El hombre de 42 años, quien reside en el barrio Los Olivos, es el sustento de su familia y ha demostrado que ninguna circunstancia es impedimento para seguir un popósito.
En las calles del barrio Los Olivos, el rugir de una motocicleta adaptada suena distinto, no es solo el ruido del motor; es el eco de una voluntad inquebrantable. Al manubrio va Wilmer Fandiño, un barranquillero de 42 años que, a pesar de haber perdido sus piernas hace un lustro, decidió que su camino apenas comenzaba.
La vida de Wilmer cambió drásticamente debido a una úlcera varicosa que derivó en la amputación de sus dos piernas. Sin embargo, donde muchos verían un final, él encontró un propósito. Con sus propias manos, reconstruyó y adaptó una motocicleta para convertirla en su herramienta de trabajo, el vehículo que transporta los postres que su esposa prepara con esmero y que representa el sustento de su hogar.
“No me gusta pedir dinero, me gusta trabajar”, afirma Wilmer con una claridad que conmueve. A pesar de enfrentar complicaciones de salud actuales que lo obligan a usar una sonda, su espíritu no conoce el cansancio.

La resiliencia de Wilmer no pasó desapercibida. Gracias a la gestión del creador de contenido Carson Vergara Anaya, conocido como Cuchiflí, esta historia de lucha llegó al corazón del concejal de Barranquilla, Alexis Castillo.
Impactado por la gallardía de Wilmer, el cabildante se trasladó hasta el suroccidente de la ciudad para conocer personalmente al hombre que se niega a rendirse. Castillo no llegó con las manos vacías, le entregó una nueva silla de ruedas y suministros alimentarios, pero, sobre todo, llevó un mensaje de reconocimiento a la dignidad humana.
“El caso de Wilmer es asombroso e inspirador, sale todos los días a trabajar, no se queda en casa lamentándose. Es un ejemplo de vida para la humanidad”, expresó Castillo durante el encuentro, donde también se comprometió a gestionar la reparación de la motocicleta que es el motor económico de la familia.

Wilmer, quien antes se ganaba la vida cuidando vehículos en Caribe Verde hasta que las restricciones médicas se lo impidieron, hoy recorre las zonas de mayor afluencia cada tarde y noche junto a su hijo. Vende postres, vende esperanza y vende el testimonio vivo de que el entusiasmo es más fuerte que cualquier limitación física.
El concejal Castillo cerró el encuentro con una invitación abierta a la ciudadanía: “Sigamos apoyando estas causas que merecen más manos solidarias. Todo el que quiera venir a aportar es bienvenido; este hombre es la cabeza de su hogar”.

La historia de Wilmer Fandiño nos recuerda que, en Barranquilla, la “papita” se gana con sudor, pero también con una fe que ninguna tormenta puede apagar.




