Los padres, la hermana y demás familiares de las víctimas llegaron hasta el cementerio Calancala.
El llanto y un dolor incalculable se apoderaron de los asistentes al sepelio de las hermanas Sheridan y Keyla Hernández, en Barranquilla.

Familiares y demás allegados intentaban consolar a la madre de las adolescentes halladas sin vida el pasado 1 de marzo en Malambo tras salir de su vivienda en la capital del Atlántico.

“¡Ay, mis pelaitas preciosas, Dios mío, me dejaron sola, ¿por qué?”, decía entre lágrimas Maricruz Esther Noriega, la progenitora de las menores, mientras contemplaba el lugar donde descansarían sus cuerpos en el Cementerio Católico Calancala.

A su lado estaba el padre de las víctimas, su hermana y otros allegados, intentando sostener a la mujer en su dolor, aún cuando la tristeza también quebrantaba sus fuerzas.
“Sáquenmelas de aquí, sáquenmelas de aquí, saquen a mis hijas de aquí”, gritaba Maricruz, mientras tocaba los ataúdes en los que yacían los cuerpos de sus seres queridos.

Con mil preguntas por resolver y un deseo infinito de que se haga justicia, la mujer se negaba a aceptar la dura realidad que ningún padre desearía vivir, sepultar a sus hijas.
“¡Ay, Dios mío, mis pelaitas!, ¡ay, Keyla y Sheridan, ay, mi gorda y mi flaquita! Yo no las voy a dejar ir, yo me voy con ellas”, no cesaba de decir la madre de las menores, quien, pese a luchar por mantenerse en pie, se terminó desmayando.

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