Jugadores de los dos equipos que se enfrentaban terminaron desmayados por las altas temperaturas y por el abstencionismo al que los somete la religión musulmana.
Por: Iván Peña Ropaín.
Para quienes ven las religiones, sea cual sea, como un sistema que, en vez de alegrar la vida de las personas y alimentar sus sapiencias y lógica, enferma, coacciona y domina, lo que sucedió en las últimas horas en la Liga de Túnez es un sinónimo de tal percepción, luego de verse desplomarse en un campo de fútbol a jugadores de dos equipos por la alta temperatura que se aunó al ayuno que cumplen los musulmanes por el Ramadán.
Cuando el cotejo iba por su primera parte, corriendo el reloj natural por la una de la tarde, el sol pegaba con fuerza en el terreno de juego. Se comenzó observando un nivel rápido de fútbol, pero este fue mermando al percibirse que varios de los deportistas renunciaban a acciones de ataque, de defensa o de correr a marcar al contrario.
De repente, comenzaron a caer al césped como fichas de dominó los futbolistas de ambas escuadras, mostrando una enorme debilidad física, la que no solo se dio por la deshidratación ante los elevados grados que se percibían, sino por la abstinencia a la que los obligó su religión durante dicho Ramadán de comer, beber, fumar y hasta tener relaciones sexuales, según ello, para purificar el alma, fortalecer la autodisciplina, la empatía y la fe.
Varios equipos médicos se adentraron a la cancha para atender, principalmente, a aquellos jugadores que se veían en un estado mayor de debilidad. Para evitar una emergencia de graves proporciones en la salud de los deportistas, el comisionado de la Liga tunecina que chequeaba el cotejo optó por suspenderlo.




