La vivienda de la alcaldesa resultó con afectaciones tras los hechos de alteración al orden público.
Lo que debían ser unos días de celebración y tradición terminó convertido en una batalla campal en el municipio de Campo de la Cruz, en el sur del Atlántico. En la madrugada del lunes, tras la finalización del desfile de carnaval “Reinado del Sur y sus Riberas”, se registraron desmanes, peleas y actos de vandalismo que alteraron gravemente el orden público.
Los enfrentamientos, protagonizados por varias personas, dejaron daños materiales y momentos de pánico entre las familias que aún permanecían en las calles luego de la jornada festiva. La situación escaló hasta el punto de afectar directamente la vivienda de la alcaldesa Vanessa Torres, quien denunció públicamente los hechos y expresó su profunda tristeza por lo ocurrido.
“Mi casa, la casa de mi mamá, hoy es un lugar de dolor. Los daños hechos por unos desadaptados y la violencia han tocado mi hogar, y me siento herida y decepcionada”, manifestó la mandataria a través de un mensaje en el que agradeció las muestras de solidaridad recibidas.

Torres, quien desde el inicio de su administración ha promovido espacios de integración y celebración en el municipio, aseguró que los actos vandálicos no solo atentaron contra bienes materiales, sino contra el espíritu de convivencia que se buscaba fortalecer con las festividades. “No podemos permitir que la violencia y la intolerancia se apoderen de nuestras vidas”, señaló en su llamado a la reflexión.
Ante la gravedad de los hechos, la alcaldesa decretó la ley seca en el municipio y anunció la terminación anticipada de todos los eventos programados dentro del Carnaval, una decisión que impacta directamente a comerciantes, gestores culturales y habitantes que esperaban continuar con las celebraciones.
La medida busca restablecer el orden y prevenir nuevos disturbios, mientras las autoridades adelantan las investigaciones para identificar a los responsables de los desmanes. Habitantes del municipio expresaron su preocupación por lo sucedido y coincidieron en que los hechos empañaron una tradición que por años ha sido símbolo de identidad y unión para el sur del departamento.
Aunque visiblemente afectada, la alcaldesa reiteró que la violencia no frenará su gestión. “Esto me entristece mucho, pero no me detendrá”, afirmó, dejando claro que continuará trabajando por la seguridad y el bienestar de su comunidad.
Lo que comenzó como una noche de fiesta terminó convirtiéndose en un duro recordatorio de los retos que enfrenta la convivencia ciudadana. Hoy, Campo de la Cruz amanece con resaca no solo de carnaval, sino de una violencia que sus autoridades buscan contener antes de que vuelva a desbordarse.




