Desde la ropa con los colores característicos de los pickups o turbos, hasta las gafas de $10.000 que ahora venden en $400.000, todo se volvió tendencia en este Carnaval de Barranquilla 2026.
Por: Jorge Mario Osorio Arias
Viendo la innecesaria discusión —en buenos términos— por un calificativo de vieja data y que hasta hoy siempre ha tenido un significado no tan agradable entre los barranquilleros, el ser “coleto” hoy está bien visto. Con una presentación majestuosa en escena y con prendas alusivas a su cultura “coleta”, Beéle, en su presentación en el Metroconcierto Histórico de Carnaval, la actual reina del Carnaval, Michelle Char, y todo ese mundo de la cultura picoteril que la rodea por su abuelo, el gran Mike Char, y su padre Miguelito, con tantos años manejando la cadena de radio más escuchada —me atrevo a decir que de Colombia entera—, han llevado eso que anteriormente era corroncho y mal visto a estar de moda. Todo esto enmarcado en la gran discusión de qué es ser coleto.
Desde unas gafas que siempre para esta época costaban entre $5.000 y $15.000 en la calle, para medio proteger los ojos del inclemente sol en una Batalla de Flores o Gran Parada, hasta unos jeans con colores neones y representaciones alusivas a los pickups o turbos de la época, se han dejado contagiar por la moda. Esas mismas gafas que hoy en día las encuentras desde $250.000 hasta $400.000 o prendas de vestir en $500.000, han llevado esa cultura “coleta” a un estrato 6.
No estoy diciendo que esto esté mal, pues así está el que no vio venir una oportunidad cuando nuestra actual reina del Carnaval de Barranquilla empezó a comunicar la cultura picoteril desde su elección. Todo esto ayudó a que grandes marcas sacaran colaboraciones y fueran un rotundo éxito. Ahora me pregunto: en verdad, una “gafa” de esas, ¿sí vale tanto? Bueno, allá ellos, que con una narrativa y un excelente marketing comunicacional desde la sostenibilidad y la perfecta oportunidad dada lograron vender toda su mercancía. El resto, a llorar a la “llorería” o, como diría Arturo Reyes: “vaya y coloque la queja en el CAI”.
Entrando en materia: ¿el ser “coleto” qué es? Según la RAE, era una prenda de vestir antigua que cubría el cuerpo hasta la cintura y por lo general era de piel. Por ejemplo, en Venezuela la palabra es vigente y es a lo que nosotros coloquialmente le decimos un trapo.
Especialmente para el barranquillero de pura cepa —ojo, el del bordillo, el de barrio, no el premium core plus max que ahora está de moda—, porque ese, anteriormente, bajar de la calle 79 o ir a una verbena era: ¡nada que ver, gas!, la palabra “coleto” enmarcaba una serie de actitudes, léxico, forma de vestir y hasta cierto consumo de sustancias que te dan risa en algunas ocasiones o, en otras, sueño. Hoy, a esa palabra la subieron de estrato. El ser popular está de moda, pero ojo: hay una línea muy delgada entre “popular”, “coleto” y hasta la degradación de esa palabra, que es “chirrete”. Pero ya eso es otro viaje.
Por favor, no confundir esos términos con el ser caribe, con el ser barranquillero. Recuerdo que hace poco una mujer del interior del país, al conversar conmigo, me decía: “pero es que tú hablas diferente, no pareces barranquillero”. Le pregunté: ¿con quién me estás comparando? Me contestó: “con las personas que traté ayer”. Esto fue mientras la dejaba en la 8 con Murillo, en una zona de puros almacenes que venden repuestos para motos. Ella labora para una gran marca de motos. Internamente supe la respuesta a su inquietud.
Ser barranquillero —e incluyo el ser caribe— es ser alegre, chévere, descomplicado, echao pa’ lante, conversador, bailador, apasionado por las cosas de su tierra. Como diría el padre Alberto Linero: “¡tú sabes!”.
El ser coleto no es ser barranquillero. Lo que sí aplaudo de pie es el poder mostrar esa otra Barranquilla a los demás estratos sociales de nuestra ciudad. Ver a esas niñas de estrato 6 bailando champeta, ritmos africanos, en los barrios más populares como Rebolo, La Manga, Nueva Colombia, entre otros, da satisfacción. Poco a poco se va cortando esa brecha tan marcada entre las dos caras de la moneda.
Ojalá esto no sea una moda y en verdad puedan ayudar a visibilizar mucho los talentos ocultos que hay en esos sectores del sur de la ciudad. Esto es un llamado para las chicas que portan un mismo apellido: esos jóvenes a los que ustedes hoy han visibilizado cada vez que bailan con ellos merecen muchas oportunidades y son muy talentosos. Mis aplausos para ustedes, pero por favor que no sea una simple moda para mostrarme más del “pueblo”.
En esas comunidades hay demasiado talento, solo necesitan una mano, y ustedes son ese gran vehículo. Y recuerden algo: ¡La coletera nos hará libres!




