Supuestamente, el día del suceso el joven se dirigía a la universidad en la que estudiaba.
La esperanza que la familia Manga Vásquez mantuvo encendida durante una semana se apagó en las últimas horas. Tras siete días de una batalla silenciosa en una cama de cuidados intensivos, los médicos de la Clínica Centro confirmaron lo que nadie quería escuchar: Esteban Manga Vásquez ya no regresaría a casa.
La historia de este fatal desenlace comenzó el mediodía del pasado viernes 6 de febrero. El sol de Barranquilla caía con fuerza sobre el sector de Barrio Abajo, un barrio que respira tradición y que, en un segundo, se convirtió en el escenario de una tragedia. En la intersección de la carrera 46 con calle 50, el destino de Esteban se cruzó con el de un taxi que lo arrolló violentamente, dejando el estruendo del choque como único testigo del drama.
Una semana de incertidumbre
Tras el impacto, el joven fue auxiliado de inmediato por quienes transitaban por la zona, una de las arterias viales más concurridas de la ciudad. Entre sirenas y la urgencia del momento, fue ingresado a la Clínica Centro, donde el personal especializado hizo lo humanamente posible por revertir los daños del fuerte impacto.
Sin embargo, a pesar de las oraciones de sus amigos y los esfuerzos científicos, el cuerpo de Esteban dejó de luchar. Su fallecimiento ha dejado un vacío inmenso y un velo de consternación que se extiende por todo el vecindario.
Mientras la familia enfrenta el duelo, el caso ha pasado a manos de las autoridades de tránsito. Los investigadores intentan reconstruir los últimos segundos previos al choque para esclarecer si hubo imprudencia por parte del conductor del servicio público o si otros factores del entorno influyeron en el siniestro.
Por ahora, en las calles de Barrio Abajo queda el eco de un accidente que hoy se cobra una vida joven, recordando una vez más la fragilidad de quienes transitan por las vías de la “Arenosa”.




