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“Una parte del triunfo fue de la gente”: un Metropolitano que superó su capacidad latió por amor a Junior

Los estadígrafos podrán dar como dato de taquilla vendida los 46.692 aficionados que tiene como aforo el Metro, pero lo cierto fue que en cada una de las tribunas se superó esa cifra.

Por: Iván Peña Ropaín.

¡Espectacular! Eso fue lo que se vivió la noche del domingo anterior en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez, epicentro futbolero que será sede de la final continental de la Copa Sudamericana Conmebol para el año 2026, y donde se dio el juego que sostuvieron Junior de Barranquilla y Atlético Nacional de Medellín por la cuarta jornada del cuadrangular A, el que ahora comanda en solitario con 8 unidades el elenco costeño.

El Coloso de la Ciudadela tiene una capacidad actual de aproximadamente 46.692 espectadores, pero lo que se observó en las distintas gradas, principalmente en Sur, Norte y Oriental, donde estaban gentes sentadas en las escaleras y amontonadas de pie en los puntos de acceso y salida, dio el indicio de que se sobrepasó dicha cifra.

Malo, malo, con el margen a equivocarse, se podría decir que el número de asistentes para ese duelo en el que Junior derrotó 2-1 al Nacional bordeó los 50.000 aficionados, los que desde las tribunas armaron tremendo Carnaval de Barranquilla antes, durante y después del compromiso.

Y es que se había vendido toda la boletería de las cuatro secciones del Metro, pero por los típicos incidentes que ocurren en esta clase de cotejos de corte estelar: los colados en las alteraciones del orden público que se dan en las entradas al escenario también influyeron para ese incremento de público.

Ese formidable y potente apoyo del juniorista se lo reconoció el entrenador del Tiburón, Alfredo Arias, quien en rueda de prensa señaló al respecto: “Hoy una parte del triunfo es de la gente. Íbamos perdiendo y habíamos fallado en algunas jugadas y no se sintió el abucheo, por el contrario, seguían alentando. Entramos en el segundo tiempo y teníamos confianza de revertir la situación, teníamos fe. Gracias a Dios que los pudimos mandar a casa con una gran alegría. Seguramente, mañana tendremos un día más feliz para ir a trabajar”.

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