impactonews.co

InShot_20251123_114458374
Picture of Impacto News

Impacto News

“Sanado en público, confrontado en privado”: Desde el alma, un espacio donde la razón y la emoción conversan con honestidad

“Jesús no vino a devolverte a lo que te paralizó. Jesús vino a devolverte al propósito”.

Por: Mauricio Molinares

Betesda.
Un nombre precioso: “Casa de misericordia.” Pero la realidad era otra: un lugar oscuro, lleno de enfermos tirados en el suelo, mendigos esperando un milagro que casi nunca llegaba. Se creía que un ángel movía las aguas… y solo el primero que entrara era sanado.

Un milagro para uno. Una espera interminable para todos los demás. Una “Casa de misericordia” que no tenía misericordia para casi nadie. Y Jesús entra allí. No lo rodean aplausos, ni lo reciben con flores. Él camina hacia el lugar que todos evitaban, hacia el dolor que nadie quería mirar.

El paralítico llevaba 38 años sin poder moverse. Pero Jesús sí podía moverse hacia él. Y lo hace. Y cuando lo ve, no lo juzga, no lo analiza, no lo regaña. Solo le hace una pregunta que atraviesa el alma: “¿Quieres ser sano?”. Una pregunta al corazón. No al cuerpo. Una pregunta que confronta el carácter.

El paralítico responde: “No tengo quien me meta al estanque…” Su misma historia. Su misma excusa. Treinta y ocho años creyendo que la solución dependía de otros. Entonces Jesús hace lo que el estanque nunca pudo: le da misericordia de verdad. Sin turno. Sin ritual. Sin agua. Sin competencia. Solo dice: “Levántate.” Y él se levanta. Un milagro público. Todos lo ven caminar. Pero el detalle es este: no sabía quién lo había sanado.

El milagro llegó tan rápido… que ni entendió el nombre de su Salvador. Aun así, su corazón lo lleva al lugar correcto: va al templo. Cuando Dios mueve tus pies, algo en tu alma te mueve hacia Él. Y allí, en silencio, entre la multitud religiosa, Jesús lo encuentra de nuevo. Sin público. Sin ruido. Sin espectáculo.

La gracia se exhibe en público, pero la verdad se susurra en privado. Jesús le entrega una frase que es un llamado, un límite y una puerta abierta: “Mira, has sido sanado; no peques más.” No explica. No detalla. No nombra el pecado. No lo expone. Jesús deja un código. Porque Él no necesita decir cuál es tu pecado, tú ya lo sabes. El milagro levantó su cuerpo. Pero esta frase buscaba levantar su vida.

Ese código es para ti, es para mi: “No peques más.” Suelta eso. No vuelvas ahí. No regreses al estanque. Jesús no vino a devolverte a lo que te paralizó. Jesús vino a devolverte al propósito.

COMPARTE ESTE ARTÍCULO