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Impacto News

¡En las nubes trepao! El Edwin Madera que yo conocí, gracias a las noches maravillosas de La Troja

“Mientras yo le hablaba de salsa, él me hablaba de baladas. Es que todo salsero en el fondo es baladista y Edwin no fue la excepción”.

Por: Sergio García

Era la noche del sábado 5 de octubre de 2002, más de 3.000 personas se encontraban apretujadas, alrededor de un ring dispuesto para escenificar la “Pelea del Siglo”. 

Minutos antes, un tumulto de gente había tumbado la puerta de acceso del Club Angloamericano. La situación era incontrolable, hasta el punto que los volantes de promoción eran vendidos como si fueran boletas. 

Mientras tanto, Jairo Paba, el mejor locutor musical que ha tenido la radio en Colombia y, al mismo tiempo, mi contendor, con el ceño fruncido criticaba la logística del evento. Solo atiné a responderle: “Mi hermano, esto se me salió de las manos”.

En efecto, Jairo había aceptado mi invitación de enfrentarnos en un mano a mano de salsa contra balada. La verdad, yo jugaba de local, pues cada tres meses hacía fiestas románticas allí.  

Mi victoria fue apabullante y Jairo, como mal perdedor que siempre fue, se retiró molesto del club, pero antes tomó el micrófono y dijo: “La verdad, yo hago esto para ayudarlo a él. Yo tengo carro y él no tiene”. 

Y no era mentira, al día siguiente fui a su casa en Los Nogales y le llevé en una mochila el dinero que le correspondía como parte de la sociedad pactada, dividir en dos partes las utilidades. Le pregunté que cuánto pensaba que había adentro y refunfuñando respondió: “Si hay un millón es mucho. Con ese desorden tuyo dudo que vuelva a hacer un evento contigo”. Le dije: “Quédate con la mochila, allí hay 13 millones de pesos para ti”. No lo podía creer, me dio un fuerte abrazo para intentar limar asperezas, y antes de cerrar la puerta me dijo: “El otro año me das la revancha, pero yo valgo $20 millones”. 

De la casa de Jairo salí a comprar, en efectivo, mi carro soñado, un Mazda L color plata. Estaba feliz por el logro y al mismo tiempo consciente de que debía buscar nuevos contendores para el próximo año.

Inmediatamente pensé en Edwin Madera, siempre fue mi referente de la salsa. Quería ser como él, tanto que a mis 14 años, decía en casa que iba a hacer tareas, pero en realidad iba a sentarme por horas en los bordillos del parque Surí Salcedo, sobre la carrera 46, para apreciar de frente el ambiente de La Troja y escuchar la animación de Edwin. Desde que alcancé la mayoría de edad, puedo decir que fui casi todos los fines de semana a trojear, recibiendo de bienvenida el saludo por micrófono del “Guayacán”. Mientras le hablaba de salsa, él me hablaba de baladas, y es que todo salsero en el fondo de su corazón es baladista y Edwin Madera no fue la excepción.

Edwin “Guayacán” Madera

Para el año 2003, realicé la segunda versión de Salsa contra Balada, allí mismo, en el Club Angloamericano, enfrentándome, esta vez, a Ralphy 100, fundador de La 100, el mejor amanecedero que ha tenido Barranquilla, recordado por la frase unísona de los asistentes: “De aquí nadie se va hasta que salga el sol”, y a Edwin Madera, el gran creador de La Troja.

Al filo de las 2:00 de la mañana, el público del Angloamericano decía que había un empate técnico entre Edwin y yo, y como anfitrión del evento, propuse despedir con una canción final y que los asistentes escogerían el ganador. Edwin optó por la que decía era su salsa romántica favorita, “En las nubes trepao” de Lebron Brothers. Yo, cerré con “Adiós, chico de mi barrio” de Tormenta y casi se cae el lugar, guardé mi mejor carta para el cierre de la fiesta.

Ese encuentro enriqueció nuestra amistad y respeto mutuo, me encantaba hablar con Edwin para escuchar sus dichos populares y su lenguaje de bacanería pura.

Con dolor debí comunicar el fallecimiento de mi amigo, pensando con ironía que tan solo diez horas atrás había enviado un mensaje de cumpleaños para celebrar la vida de mi entrañable Ana Milé, su hija y mano derecha, y en menos de un día, debíamos despedir al viejo Edwin. 

De inmediato viene a mi mente la letra de la canción “Diez Lágrimas”, también cantada por The Lebron Brothers: “Al despertar, todos los días, siento un dolor en mi corazón, porque en la vida cuando hay una alegría, por cada risa hay diez lágrimas”.

Descansa en paz, mi hermano. En la tierra dejas tus frutos sonoros, Ana Milé, Indira y Billie Jean (el poeta), y todos tus hijos sagrados con quienes seguiré compartiendo y riendo a carcajadas al revivir tus memorias.

Imagen: redes

Te prometo que cada vez que vaya a La Troja, pediré tu canción, “En las nubes trepao”, donde actualmente te encuentras, aferrado a la mano de Dios. 

¡Un saludo celestial, viejo Edwin!

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