Los estadios pasaron de ser esos espacios que servían para olvidar, aunque fuese por unas horas, la violencia que asesina a diario al país, a cruentos campos de guerra en los que perder la vida ya es algo normal.
Por: Iván Peña Ropaín.
Muy tristemente, hay que decirlo, cada campeonato que pasa, cada fecha y cada compromiso futbolístico que se registra en la Liga colombiana, retrata en las noticias escenas extradeportivas de hechos violentos con hinchas heridos o muertos y daños materiales a propiedad ajena como causal de la violencia y odio que siembran desde otrora las ‘barras bravas’, facciones populares que muchos futboleros colombianos reseñan como “caterva de delincuentes, drogadictos y asesinos”.
El suceso más reciente, lastimosamente, se reportó en la ciudad de Barranquilla, el pasado lunes festivo 18 de agosto, cuando un seguidor del Atlético Bucaramanga se hallaba de visita en la capital del Atlántico por asuntos de negocio y aprovechó la oportunidad para ir al Metropolitano a observar el juego que por la jornada siete de la Liga Betplay-II sostuvo el equipo de su tierra contra Junior.
Ese casi mortal día para el bumangués Jonathan Daniel Castellanos Rojas, de 30 años, le dejó una amarga experiencia que lo acompañará por siempre y le recordará lo que significa ir a un estadio diferente al que juegue la “escuadra de tus amores”, aunque muchas otras veces también se han divisado reyertas entre los ‘barristas’ miembros de una misma ‘barra brava’. Ello igual disemina terror y barbarie en las tribunas por las hostilidades suscitadas, peligrosas situaciones que inequívocamente han conducido a que la familia, a que los niños, se destierren de estos escenarios.

Artículo relacionado: Hincha del Bucaramanga recibió varias puñaladas en las afueras del Metropolitano: estaba en Barranquilla por negocios
Lo más grave del asunto es que desde tiempo atrás ya se ha dejado de medir si el contrario pertenece a la ‘barra’ visitante, tal como le sucedió a Jonathan, a quien en un ataque inicuo y pusilánime de ‘barristas’ del Junior, le propinaron diez puñaladas en diferentes partes de su cuerpo solo por pertenecer a la región santandereana. Los famosos códigos de los que hablaron en un principio, al parecer, quedaron desdeñados, pues ya atacan sin piedad por la sencilla razón de ser del club contrario, así este no sea ‘barrista’.
En este nuevo caso repudiable reportado en el balompié patrio, se atentó contra la vida de una persona que nada tiene que ver con las ‘barras bravas’, se trata de un simple empresario que el arribar a la Arenosa, penosamente, casi le cobra su vida. De acuerdo a informaciones que ha suministrado su progenitora a medios de comunicación, Linda Rojas, por suerte ninguna de las heridas propinadas por los mal llamados hinchas que lo apuñalaron, golpearon y robaron, le comprometieron algún órgano vital, aunque aún permanece en la clínica y requiere de una atención más especializada.
Lo que le sucedió en las afueras del Coloso de la Ciudadela a este habitante del interior del país, momentos en que se bajó del taxi en compañía de su esposa y un amigo, siendo abordado vilmente a unos metros adelante por ‘barristas’ ‘tiburones’ al perfilarlo como seguidor del Bucaramanga, es la reiteración de una fidedigna muestra de que “ir a ver un partido de fútbol en las distintas plazas del país es sinónimo de perder la vida, o, en su defecto, de terminar gravemente herido y de vivir una experiencia que evitarás a toda costa volver a repetir”.

Artículo relacionado: “Que no quede impune, miren las cámaras”: madre de hincha del Bucaramanga apuñalado por ‘barristas’ del Junior
Se ha caldeado tanto el ir a los estadios de Colombia, que impera una “ley” en torno a que para asistir a uno de estos recintos debes portar sí o sí la casaca del equipo que actúe como local, y si no la llevas puesta, muchas veces ni el propio Dios logra evitarte la aversión y el exabrupto emanado por parte de quienes incurren en las oligofrénicas conductas: los ‘barristas’.
A esas hostilidades, entre otras más, aúnele el que, si no te ven distintivos del elenco de la ciudad, te circundan y amedrentan grupos de jóvenes ‘barristas’ para inquirirte de quién eres hincha y así escuchar si tu acento es costeño, paisa, cachaco, caleño, santandereano, etc., dependiendo donde se dé el cotejo.
Igualmente, el exigirte la cédula para certificar si eres de alguna región en específico, reiterando que sucede ello cuando te aproximas al estadio y no portas algún emblema del conjunto anfitrión, te “saldría caro”. Y si logras ingresar al epicentro deportivo, no “coronaste”, porque hasta allá te persigue la beligerancia de quienes viven el ‘barrismo’ con tirria, quienes te golpearán y hasta te sacarán de la gradería si es necesario.

Artículo relacionado: Trasladarían a Bucaramanga a hincha apuñalado por ‘barristas’ del Junior para recibir atención especializada
Que la violencia, la sangre y la muerte continúen vigentes y sin dar un ápice de tregua en los estadios de fútbol en el país, no es más que la analogía de un fracaso que han tenido aquellos programas como ‘Fútbol en paz’ y ‘Barrismo social’, los cuales han emprendido antaño las distintas autoridades, pero nada de paz, esta es una simple utopía. ¡La verdad, no han servido para nada!
En definitiva, los estadios pasaron a ser para muchísimos que sí aprecian este bello deporte como debe ser: en paz, más allá de las pasiones que se profesen desde las gradas por las emociones que maneja el fútbol, un medio de escape para borrar de su retina por unas horas toda esa polarización política, corrupción y guerra de los actores armados que estrangulan a Colombia, a transformarse en otro campo de batalla más en el que el color de una camiseta, una cédula o el acento podrían poner fin a tu existencia.
Como dicen muchos en tono de pesimismo, pero con realidad: ¡Eso de fútbol en paz es solo una ilusión!





