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COVID, apiádate de nosotros

No es el momento de ir a Cholón, ni mucho menos de celebrar en la terraza o en el patio, como los chicos ‘puppies’ de Baranoa.

Por: Carlos Peláez Pérez

No entiendo como hay gente que prende su equipo de sonido para aturdir al vecindario o cómo los jóvenes arman su parrandón sin tapabocas y sin distanciamiento y para colmo de males, cómo los artistas, quienes son los que deben dar el ejemplo, organizan conciertos ‘virtuales’ en discotecas llenas. Me pone a pensar. Oh tristeza!

Quedo sorprendido al ver el video de los jovencitos de Baranoa en pleno confinamiento, tomando a pico de botella whisky Buchannans, en un patio con sonido bestial, o qué decir de las imágenes de Cholón, donde los pelaos sin ninguna protección se van de gozadera en lanchas, botes y yates, apretujados y gritando; tremendo bololó.

Ni los pelaos del patio de Baranoa se han vacunado, ni los de Cholón son inmunes al Covid; tampoco los de la barbería fachada del barrio Santodomingo, ni los chismosos de Las Malvinas que armaron un carnaval viendo una pelea entre dos divas y un varón escuálido. No son inmunes ni el vendedor de tintos y ni el de plátanos que pasan todo el tiempo con el tapabocas en la barbilla.

¿Será que esos vecinos indelicados, ese pelaíto que hace lo que le da la gana y ese artista famoso no han perdido familiares, compañeros o amigos por la COVID-19?

¿Será que no leen o no les interesa que en Barranquilla y el Atlántico han muerto más de 1.500 personas y se han contagiado 35.000 en menos de dos semanas y que la mayor parte son muchachos rebeldes que llegan con el virus a casa contagiando a Raymundo y todo el mundo?

¿Será que no entienden que si metemos a todos los muertos por el COVID en el Atlántico llenaríamos el estadio Romelio Martínez?

Da terror los 208.000 contagiados que hemos tenido ‘confirmados’ por el virus en el Departamento. Es como decir que se nos han contagiado 5 estadios Metropolitano abarrotados de personas.

¿Será que no saben que los empleados de las funerarias no han podido descansar recogiendo muertos por montones y que hoy las morgues están atiborradas de cadáveres en espera de que el coche fúnebre llegue a buscar a esa persona que no terminó de dejar huellas imborrables en su casa porque la COVID le arrebató sus sueños?

Doy fe de familias enteras que han muerto. Hace pocas horas, en Sabanalarga fallecieron madre e hijo y a un gran amigo la COVID le arrebató a su madre,  a sus abuelitos y a un tío. Triste y angustiante panorama.

Mención especial para nuestros médicos y personal de la salud sacrificados. Son muchos los que han muerto contagiados, intentando salvar vidas. Dónde me dejan los conductores de ambulancias y coches fúnebres, los taxistas y los conductores de buses. Triste dilema. 

Las urgencias de clínicas y hospitales son un calvario. Que pesar ver los rostros desesperados de jóvenes y ancianos requiriendo oxigeno, las caras de asombro de acompañantes que duermen en un andén con el tapabocas sucio y sin dinero para reponerlo o para tomarse un tinto. 

Esto parece una carrera contra reloj, igual ocurre con el sufrimiento que están padeciendo pacientes con otras enfermedades que requieren de oxígeno o de una cirugía y no hay cómo atenderlos. Las redes estallan a diario con anuncios de personas desesperadas buscando camas para hospitalización, mientras los irresponsables están de parranda. No es justo.

Y más triste aún es ver la situación de personas, muchos de ellos profesionales, que se ‘rebuscan’ peinando, dando clases o refuerzos, los meseros, la señora que vende cremas y panties en revistas y ven que la billetera está vacía. Todas se hacen 3preguntas:

  • 1. Cómo compro lo del día? 
  • 2. Cómo pago los servicios? 
  • 3. Y el arriendo qué?

Se quiere uno volver loco de tantos compromisos. La bendita llamada mañanera de la operadora de Tigo cobrando, y al mediodía cuando estás  deleitando un ‘arroz al puente’, te interrumpe la llamada ganadora: el banco.  

A esas cosas les puedes sacar el quite pero lo que sí aturde es la parranda armada por el pelaíto y la pelaíta irreverente de la cuadra que no trabajan, y que además los ves el fin de semana montados en un yate y publicando selfies en Cartagena. Wao!!!

Amor por la vida si hay, temor también. La mayoría somos temerosos y ansiosos. Le tenemos terror a morir, pero  hay una minoría de despiadados que han utilizado esto para lucrarse, otros para parrandear. Bien lo decía la abuela, de todo hay en la viña del Señor!

Mientras los adultos mayores y juiciosos, usan su tapabocas, se lavan las manos, se distancian y sacrifican sus días encerrados sin ir a misa o a visitar a la amiga,  sus malcriados nietos salen de parranda y regresan a casa a contagiar a todos. Y esto, sin duda, es lo que ha venido ocurriendo. Por eso me conmuevo cuando veo esa calle del Centenario en Soledad repleta de pelaos sin tapabocas. Pena ajena.

Casos se han visto en El Silencio y San Felipe, en El Bosque y Rebolo. En Miramar, San José y El Carmen. En Rebolo  alquilan patios para parrandear, con: ‘barba’ incluida. Y qué decir de las benditas piscinas de los barrios atiborradas de festejantes. Pregunten ustedes por las COVID fiestas en El Bosque, tienen fama. 

Esta semana, en redes observé una pelea por un ‘machoman’ y el pueblo detrás toreando como si Junior hubiese ganado otra estrella.

La cosa está maluca, si quieres seguir gozando y parrandeando la vida a tu manera, recógete por lo menos 15 días. De lo contrario, terminarás en un oscuro cuarto frío. 

Que el COVID se apiade de todos!

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